DEMOCRACIA A LA CARTA
El pasado domingo, los militares rompieron el orden constitucional en Honduras secuestrando y expulsando del país al presidente Manuel Zelaya, democráticamente elegido en noviembre de 2005. La ultraderecha, prima hermana de la que anteriormente lo había intentado en países cercanos, está detrás de la asonada militar.
Minutos después, los sediciosos bloquearon canales de noticias para poder manipular la información, mientras hombres y mujeres de todo el país salían a las calles para defender el Estado de Derecho. Evitar que el pueblo advierta la realidad es una táctica habitual en maniobras de ese calibre, principalmente porque permite construir una versión más acorde con quienes están detrás de ellas. En España, la valentía de un cámara evitó algo similar un 23 F.
La condena por parte de la comunidad internacional no se ha hecho esperar, empezando por el gobierno de EEUU, algo a lo que no estábamos acostumbrados últimamente. España también ha mostrado su rechazo. Sin embargo, en uno y otro país existen corrientes de opinión que insisten en justificar lo sucedido. Los neoconservadores estadounidendes lo achacan a la presunta conducta autoritaria del presidente depuesto.
De este lado del charco, el ex presidente Aznar hace gala de su cultura democrática metiendo en el mismo saco a golpistas y leales, asegurando que en Honduras "todos, todos" deben mostrar respeto al orden constitucional, pero sin citar en ningún momento la expresión "golpe de Estado". Suena demasiado cercano.
No es la primera vez que comprobamos la simpatía de Aznar con hechos similares producidos en el mundo durante su mandato. O su apoyo a invasiones de territorios soberanos, masacres de la poblacion civil o robo de recursos de los paises invadidos.
Afortunadamente, algunos dirigentes de su partido han estado a la altura, condenando a quienes tratan de imponer por la fuerza algo que corresponde solamente al deseo del pueblo soberano en las urnas.
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