EL SILBIDO
La final de Copa pasará a la historia por los motivos extradeportivos que la rodearon, como la pitada de la grada al himno nacional, similar a la que dedican algunos aficionados españoles cada vez que juega la selección en casa contra otro país.
Los silbidos son la respuesta de los nacionalismos periféricos a un nacionalismo español encarnado en símbolos con los que no todos se identifican; Un solo modelo de país, una bandera, un himno o una institución vitalicia, la única en Democracia que no pasa por las urnas cada cuatro años.
Pero esas reacciones son similares a las que despertarían los himnos de Cataluña o Euskadi si fuesen interpretados en algunos estadios lejos de sus comunidades. O sea, que el "respeto" es recíproco. Ni más ni menos.
TVE impidió que las imágenes llegaran a millones de telespectadores, al parecer, por un error humano, error que no cometieron ni la ETB ni TV3. Pero la versión quedó en evidencia al comprobar que la interpretación del himno era "ligeramente" más silenciosa en diferido que en directo.
Y es que a veces es peor el remedio que la enfermedad y en el intento de silenciar algo lo que se consigue es que todo el mundo se entere. Lo peor es que la final pasará a la historia por ese detalle y no por el comportamiento ejemplar de dos aficiones cuya única agresividad se tradujo en un silbido. Ayer ganó el fútbol, que es de lo que se trata.
PD.- La semana nos deja dos pérdidas irreparables: Antonio Vega, autor de la banda sonora de los mejores momentos de toda una generación y Vicente Moreira, berciano de Langre, niño de la guerra y una de las personas más entrañables que he tenido la suerte de conocer. Que la tierra os sea leve.
Categoría: General 2 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Hecho con