VIVA LA VIDA

La iglesia católica española vuelve a evidenciar sus problemas con el octavo mandamiento. Su última ocurrencia ha sido la de iniciar una campaña antiabortista mediante carteles en los que puede verse a un bebé junto a lince ibérico, asegurando que en este país se protege más a algunas especies animales que a las propias personas. Con ello, la iglesia engaña y trata de manipular al personal aprovechando la tierna imagen de un crío de varios meses en lugar de utilizar la de un embrión. Pero a base de falsear la realidad, la equiparación entre aborto y asesinato comienza a ganar credibilidad.
La ley del aborto no obliga a las mujeres a abortar, pero facilita las herramientas necesarias para que quien tome esa decisión pueda hacerlo con garantías de cobertura legal y sanitaria. Por tanto, que la iglesia predique sin manipular a sus fieles y respete al ciudadano que se rige por el Derecho Civil, el Código Penal y la Constitución y no por el Catecismo y el Derecho Canónico.
Hace sólo unos días, la Conferencia Episcopal calificó de inaceptable que un hospital sevillano salvase la vida de un niño gracias al trasplante recibido de su hermano menor, seleccionado genéticamente para que naciese libre de su misma enfermedad.
Por todo ello, propongo una campaña que muestre a un lince junto a un obispo, para demostrar que la fauna más protegida en España es la propia iglesia católica, vía IRPF. O una en la que aparezca el coste total de la campaña de carteles junto a uno de los millones de niños que mueren anualmente de hambre en el mundo. O una en la que se vea la imagen de algún niño víctima de abusos sexuales junto a la de un cura pederasta, para que la gente sepa lo que realmente protege la iglesia.
NOTA.- He destacado en negrita la última frase de mi columna porque los responsables de La Crónica han decidido censurarla de forma unilateral y sin comunicármelo. Les doy las gracias, pues no hacen más que darme la razón cuando digo que "la fauna más protegida en España es la propia iglesia católica".
Categoría: General 4 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Dado que solamente tú eres el responsable de los artículos que escribes en tu columna de “La Crónica de León”, considero inaceptable que se trate de amordazar la expresión del pensamiento que se emite a título personal, recurriendo a la vergonzosa práctica de pretéritas censuras. Pero supongo que somos muchos los que estamos con tu línea de pensamiento.
Profundizando en el contenido de tu artículo y sin pretender herir la susceptibilidad de ningún creyente que de buena fe apoye las directrices de los órganos eclesiásticos, entiendo que la hipocresía de la Iglesia es totalmente desmesurada. No se trata sólo de pretender manipulas los sentimientos de la gente recurriendo a prácticas deshonestas, con exposición de falacias que nada tienen en común con la evidente realidad.
Sin querer entrar en polémicas sobre el “grado” de vida humana que pueda atribuírsele a un embrión humano, creo que para la mayoría de los mortales prevalecería la defensa de un ser ya nacido, ante la de un embrión del que se ignora su hipotético desarrollo.
Pues bien, la Iglesia parece tener más interés en proteger estos incipiente e hipotéticos futuros seres, que el preservar las vidas de los millones de niños que fallecen de inanición por carencia de la más elemental alimentación. ¿Se han detenido a considerar, cuantos niños ya nacidos podrían salvarse con el dinero dilapidado en campañas publicitarias en contra del aborto?. Y éstos si que son seres reales, entes con su propio bagaje afectivo; seres que sufren, y cuyo sufrimiento padecen a su vez sus progenitores y familiares. Son éstos los primeros seres por los que debería velar la Iglesia. Y si ya mucho podría hacer con el dinero invertido en campañas estériles que en nada ayudan al bien de la humanidad, podría decirse que estaría en su mano el erradicar la miseria del mundo con sólo una parte de los bienes de esa “misericordiosa Iglesia”. ¿No fue Cristo quien cedió su propio manto para preservar del frío a un mendigo?
Pero ahora, por su fuera poco, el mayor representante de Cristo en la tierra, alienta a los pueblos más sometidos al implacable azote del SIDA, para que dejen de utilizar el único medio del que disponen para protegerse de tan perniciosa enfermedad. ¡¡Cantemos Salmos al cielo y cerremos los ojos a las injusticias de la tierra!!
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