EL ROCK DE LA CRIBA

Pedro Castro, alcalde de Getafe, calificó a los votantes de la derecha de "tontos de los cojones", una afirmación de la que poco después tuvo que retractarse, pero que provocó que desde el PP se pidiera reiteradamente una dimisión que no se produjo. Como tampoco se produjo la de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, tras llamar "hijo de puta" al portavoz socialista en la institución. O cuando Jaime Mayor Oreja llamó vagos a todos los andaluces. En El Bierzo también tenemos varios ejemplos.
Uno de ellos es el alcalde "popular" de Oencia, José Estanga, empeñado en demostrar que cualquiera puede llegar a ser alcalde, por muy corto que sea o por grande que le quede el traje de demócrata.
Su última salida de tono ha sido acusar a los trabajadores de la Diputación -y no a los responsables de su partido que la gobiernan- de ser los culpables del aislamiento por carretera de algunas localidades de su municipio debido a la nieve. De paso, proponía a la presidenta del ente provincial que llevase a cabo una criba de funcionarios, separando a los "rojillos" de la "gente de bien" tal y como se hacía en aquella España de la que, por lo visto, siente verdadera nostalgia.
Actitudes así evidencian una alarmante escasez de valores democráticos por parte de aquéllos que, como representantes del pueblo, deberían ser los primeros en dar ejemplo. Son carencias propias de un país que pasó, de la noche a la mañana, de una dictadura a una democracia sin apenas reciclaje.
Y puestos a hablar de criba, quizá habría que proponer un proceso similar en el censo de Oencia, separando a los que tienen relación con el pueblo de los que jamás lo han pisado y que facilitan, con su voto, que llegue a ser alcalde semejante energúmeno.
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