EL MUNDO, EN RESUMEN
Si pudiésemos reducir toda la población mundial a una aldea de un centenar de habitantes, las proporciones en cuanto a los diferentes status sociales serían realmente significativas y nos ayudarían a conocer de manera más cercana la situación del resto de moradores del planeta.
De esos cien lugareños, la mayoría serían de origen asiático, 60, seguidos de 25 europeos, 10 africanos y 5 americanos. De ellos, 52 serían mujeres y 48 hombres, y habría 30 individuos de raza blanca frente a 70 de otras razas. En cuanto a las creencias religiosas, las proporciones son similares, con 30 cristianos frente a 70 de otras confesiones o simplemente ateos.
Lo realmente asombroso viene al saber que el 59% de la riqueza total de la aldea estaría en manos exclusivamente de 6. Del centenar de habitantes de ese poblado imaginario, 80 vivirían en condiciones de pobreza extrema y 50 de ellos sufrirían desnutrición. Sólo uno de los lugareños lograría alcanzar estudios universitarios y la misma cantidad podrían disfrutar de un ordenador personal.
Si usted ha podido leer esta columna está de suerte, no en vano millones de personas del planeta jamás podrán pisar una escuela. Si jamás experimentó la guerra, el cautiverio, la tortura o el hambre, será más afortunado que miles de seres humanos que quizá no sobrevivan a esta semana.
Analizar nuestro mundo desde una perspectiva tan reducida es necesario para comprender sus necesidades y buscar soluciones que pasan por el entendimiento, la tolerancia y la solidaridad, tres valores indispensables para lograr un objetivo que se presume, por desgracia, demasiado lejos.
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Un abrazo Santi.