CRONICA DE LA ESPAÑA NEGRA
El nombre de Juan Yagüe Blanco ha pasado a la historia más trágica de España como uno de los principales cabecillas de la sublevación militar de julio de 1936 contra el último gobierno democrático.
Sus méritos, como los de la mayoría de los militares más recientes, los obtuvo a base de luchar contra su propio pueblo. En su caso, al mando de las tropas africanas que penetraron en la península desencadenando una feroz represión que segó más de 4000 vidas entre la población civil, la mayoría en Extremadura, donde acabó ganándose el apelativo del "carnicero de Badajoz".
El propio Yagüe achacó sus asesinatos, según su biógrafo, al paroxismo de una guerra que no permitía diferenciar entre "pacíficos ciudadanos o milicianos de izquierdas". En una entrevista con el periodista John T. Whitaker, el general justificó su actitud por el avance rápido de sus tropas y la imposibilidad de hacer prisioneros. Jamás se arrepintió de sus crímenes.
Tras su muerte en Burgos, el franquismo bautizó con su nombre el hospital de aquella ciudad. Una paradoja, tratándose de quien tan poco hizo por la vida de sus compatriotas. En la misma época su localidad natal, San Leonardo, pasó a tener el añadido "de Yagüe", erigiendo en la plaza que lleva su nombre un monumento en su honor que acaba de ser blanco de las iras, tal vez, de algún descendiente de sus miles de víctimas.
De inmediato el alcalde del pueblo, el "popular" Jesús Elvira, aseguró que la pieza sería restaurada e invitó a no pisar la localidad a quienes no les guste lo que ocurre allí, haciendo gala de la doble moral de quienes ponen el grito en el cielo cuando, en otros lugares, algunos siguen su ejemplo homenajeando a verdaderos criminales.
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Hecho con
Sin animo de pelotismo os lo merecéis.