¿EL HUEVO O LA GALLINA?
07-08-2008 00:00:01
Una media de cuatro personas al día ha hecho uso del servicio de alquiler de bicicletas puesto en funcionamiento hace un año por el Ayuntamiento de la ciudad. Ante los ínfimos resultados, la concejal de Medio Ambiente ponferradina, Encina Pardo, aseguraba que las cifras son mejorables y que le obligarán a iniciar campañas de concienciación y promoción del uso de la bici.
Las palabras de Pardo demuestran la escasa capacidad de algunos políticos municipales. En su caso, por el hecho de apuntar directamente al ciudadano como culpable a la hora de justificar los pobres resultados de su iniciativa. Desconoce quizá que lo necesario para usar una bicicleta no es tenerla -por poco más de 100 euros cualquiera puede adquirir una- sino contar con espacios en la ciudad adaptados para su uso. Y Ponferrada no los tiene, gracias a la horrible planificación urbana obra de sus gobernantes. Esa obligación también aparece en el Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2008-2011 -redactado por el Gobierno central- y que el consistorio asegura cumplir de largo.
Cuenta la leyenda que un alcalde de Lepe, cabreado por el escaso éxito de unos cursillos de natación municipales, ordenó vaciar la piscina del pueblo asegurando que no volvería a llenarla hasta que el último de los vecinos aprendiese a nadar. En Ponferrada sucede lo mismo, cuando se pretende que la gente utilice un servicio que no cuenta con la infraestructura necesaria para hacerlo. Por esa regla de tres, quizá algún día seamos testigos de campañas de promoción del uso de motos de agua para ascender al Morredero, o de ciclomotores para practicar deportes acuáticos en el pantano de Bárcena.
Las palabras de Pardo demuestran la escasa capacidad de algunos políticos municipales. En su caso, por el hecho de apuntar directamente al ciudadano como culpable a la hora de justificar los pobres resultados de su iniciativa. Desconoce quizá que lo necesario para usar una bicicleta no es tenerla -por poco más de 100 euros cualquiera puede adquirir una- sino contar con espacios en la ciudad adaptados para su uso. Y Ponferrada no los tiene, gracias a la horrible planificación urbana obra de sus gobernantes. Esa obligación también aparece en el Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2008-2011 -redactado por el Gobierno central- y que el consistorio asegura cumplir de largo.
Cuenta la leyenda que un alcalde de Lepe, cabreado por el escaso éxito de unos cursillos de natación municipales, ordenó vaciar la piscina del pueblo asegurando que no volvería a llenarla hasta que el último de los vecinos aprendiese a nadar. En Ponferrada sucede lo mismo, cuando se pretende que la gente utilice un servicio que no cuenta con la infraestructura necesaria para hacerlo. Por esa regla de tres, quizá algún día seamos testigos de campañas de promoción del uso de motos de agua para ascender al Morredero, o de ciclomotores para practicar deportes acuáticos en el pantano de Bárcena.
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Hecho con
Y en segundo lugar, discrepar un tanto de lo que expone en esta columna. No en tanto a lo referente a que desde instancias municipales se ha planteado de manera errónea el tema de la integración ciclista en el entramado de la ciudad, pero sí en lo referente a "en qué" se ha fallado.
Bajo mi punto de vista, el tema de las bicicletas en el entorno urbano es mucho más educacional que de cualquier otro tipo. Una importante porción de los ciclistas urbanos están en contra de la masiva habilitación de ciclovías, pidiendo su incorporación al viario convencional, lo que supondría una reeducación de los conductores de automóvil muy complicada por estos lares.
Entonces, lo que parece el auténtico error es el no tener un modelo claro de integración de la bicicleta en la vida urbana. Un elemento de ocio? Una opción real de transporte? Ambas? Por un entramado de ciclovías? Junto al tráfico rodado?
Mientras no se tenga claro el modelo, difícilmente se podrá implantar un esquema.
Un saludo.