SALDAR VIEJAS DEUDAS

El tránsfuga -que ensucia su nombre y es premiado- se pasa el resto de su vida devolviendo los favores.
El transfuguismo es uno de los actos más despreciables en el ejercicio de la política: Supone un engaño a los votantes que eligieron una determinada formación, una falta de respeto a los miembros del partido que elaboraron la lista electoral y, sobre todo, la traición a las ideas de uno mismo, que es la mayor de las traiciones.
En el mismo nivel de desprecio, e incluso por encima, están quienes premian al traidor con un hueco en sus filas. Sin embargo, no todo son ventajas y mientras unos tienen la posibilidad de gobernar, al tránsfuga le tocan los asuntos más truculentos, apagando los fuegos que otros provocan y poniendo la cara para que se la partan.
Un ejemplo lo tuvimos hace días en Ponferrada, durante una rueda de prensa tras la enésima sentencia contra la gestión urbanística municipal. En ella, el tránsfuga Reiner Cortés -ahora portavoz "popular"- dedicaba su tiempo a acusar su homónimo socialista de haber querido formar parte del consejo de administración de Pongesur para financiar un nuevo partido, amenazando a quien dudase de la honorabilidad de los miembros de la citada sociedad.
Los compradores de viviendas en la Rosaleda, que esperaban preocupados una explicación de los responsables municipales, no la tuvieron. Pero lo que sí quedó claro es que entrar en el consejo de administración de Pongesur es un chollo.
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Buenas noches,Santiago.