¿QUIÉN PONE EL CASCABEL AL GATO?
La legislatura que ahora empieza debería establecer una Ley Electoral equilibrada y, por tanto, más justa.
En las pasadas elecciones, los votos de miles de españoles han acabado en la basura: Un ejemplo, los de 645.000 simpatizantes de IU que votaron fuera de Madrid y Barcelona, casi tantos como los que le han servido a CIU para obtener 10 escaños.
En la actualidad, al PP le toca clamar contra los nacionalismos, a sabiendas de que ninguna de esas formaciones pactaría con ellos. Hace años la situación era bien diferente. Aznar hablaba catalán en la intimidad para, cuatro años después, bailar al son del "Pujol, enano, habla castellano".
Si el PP fuese coherente debería proponer una modificación de la Ley Electoral. La propuesta habría de ser aceptada por un PSOE que nunca saldría perjudicado, sino más bien al contrario. IU, su opción más razonable en un hipotético pacto, sería la gran beneficiada. Y parece evidente que el votante socialista prefiere un proyecto de izquierdas antes que uno condicionado por los nacionalistas.
Otro de los beneficiados con el cambio sería la UPyD de Rosa Díez. La política vasca no se ha cansado de pedir la supresión de la Ley D'Hondt para quitar peso a los nacionalistas. Lástima que no se hubiera decantado antes, cuando ostentaba cargos de responsabilidad en el PSOE o cuando formaba parte de aquel gobierno de coalición entre socialistas y nacionalistas vascos.
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