HOMENAJE A LA DIGNIDAD
La dignidad de las personas se mide por su respeto a la de los demás. Ayer, en Fabero, se hizo justicia.
El drama de Vicente Moreira comenzó en agosto de 1936, el día en que su madre fue detenida en Langre cuando trataba de huir a Asturias para reunirse con su marido, que se encontraba allí defendiendo al gobierno legal.
Isabel Picorel fue asesinada aquella misma noche. Hambrientos y abandonados a su suerte, los pequeños Ramón, Vicente y Valentín conseguirían encontrar a su padre en el frente. Los tres formarían parte del millar de niños que salieron del Musel gijonés en septiembre de 1937 hacia Leningrado, huyendo de una guerra para encontrase con otra poco después. En la URSS, el joven Vicente ingresó en la Escuela de Artes para estudiar escultura, una profesión que le permitiría regresar a España años más tarde, decidido a cumplir tres propósitos.
En 2001, Vicente recuperó los restos de su madre, enterrada junto a tres hombres en un prado a la entrada de Fresnedo. Ese era su primer deseo. El segundo lo culminó en 2005, cuando el ayuntamiento de Gijón inauguró una obra suya en la playa del Arbeyal, frente al lugar desde donde había partido aquel barco 71 años atrás. Y el tercero ayer, en Fabero, donde otra de sus esculturas recuerda que "Nunca Jamás" debe repetirse la tragedia.
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