EL FUTURO DE NUESTROS PUEBLOS
20-03-2008 00:00:01

El pasado lunes, este mismo periódico alertaba de la desertización paulatina del medio rural en la comarca. La situación contrasta con la realidad de muchos de esos enclaves, que hoy se recuperan de sus heridas pero que están llamados a ser, si nadie lo remedia, simplemente alojamientos para el fin de semana.
Mucho me temo, además, que la lista de las aldeas que no superan los 15 habitantes sea mucho más amplia de la que aparecía en el reportaje mencionado. Sin embargo, la alteración del censo por motivos electorales puede que haya reducido sensiblemente la cifra. Pero eso es harina de otro costal.
En algún tiempo, adquirir una casa en un pueblo todavía habitado, aunque ya en claro declive, era relativamente fácil y económico. Los primeros intentos de dotar a los pueblos de los servicios básicos y la mejora de las comunicaciones no frenaron la desertización y la emigración y el centralismo voraz comenzaron a hacer estragos.
Más tarde, la imagen de algunas aldeas comenzó a verse afectada por aberraciones urbanísticas, cometidas con el consentimiento de las administraciones locales, que creyeron que esa permisividad era una forma de consolidar población. En otros lugares, el impulso económico que supuso el retorno de algunos emigrantes no se vio reflejado en una mejora del aspecto arquitectónico, sino todo lo contrario. Así, por ejemplo, enclaves cercanos a Ponferrada como Campo, Salas o Villar de los Barrios vieron alterado su imagen negativamente, sin que fuera aplicada medida alguna que protegiera su entorno.
Hoy, la tendencia ha cambiado. La población rural sigue mermando pero en un buen número de pueblos la compra de una casa no es una tarea sencilla ni barata. En lo que respecta al propio municipio de Ponferrada existen, incluso, numerosos ejemplos de ciudadanos europeos sin ninguna relación con la zona que se han instalado definitivamente en ella, llamados por unos encantos que los propios lugareños han tardado tiempo en apreciar.
Espinoso, Carracedo y Palacios, todos ellos en las cercanías de Compludo, son tres ejemplos evidentes de que la recuperación de espacios es perfectamente compatible con una restauración arquitectónica razonable y el respeto al entorno. Algo similar ocurre en Manzanedo, Bouzas, San Adrián o Ferradillo (éste perteneciente al municipio de Priaranza del Bierzo). Lo sucedido en los dos últimos, además, demuestra que la recuperación integral de lugares abandonados durante décadas no es una utopía, sino que es perfectamente viable.
Sin embargo, el esfuerzo de todos los que se empeñan en revitalizar esas zonas choca, a menudo, con demasiadas trabas por parte de las administraciones. En el municipio de Ponferrada, el segundo en importancia de la provincia y que puede presumir de contar con un medio rural envidiable, la lista de lugares en los que existen carencias de servicios básicos es interminable.
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