EL MEJOR CONTRATO
14-02-2008 00:00:01

Finalizaba la columna del pasado jueves de la misma forma que quiero iniciar la de hoy. Y lo hacía recordando que bienestar y solidaridad son términos perfectamente compatibles. Cualquiera que haya vivido directa o indirectamente la historia reciente de este país debería tenerlo muy presente.
Lejos quedan los tiempos en los que miles de españoles cruzaron la frontera en busca de un futuro mejor. De ellos, un alto porcentaje lo hacían sin contrato. Eran emigrantes que se convertían en turistas temporales al llegar a su destino y que acabaron echando allí sus raíces. Españoles con un nivel cultural poco propicio para aprender un idioma diferente al suyo. Padres que pudieron curar sus enfermedades y las de sus hijos, gracias a una sanidad pública en sus países de acogida, inaccesible para muchos en la España de entonces. Hoy en día, se cuentan con los dedos de una mano las familias que no tienen alguno de sus miembros residiendo en el extranjero.
A pesar de estos datos, en los últimos tiempos, determinadas formaciones políticas de corte ultraderechista no han dejado de agitar el fantasma de la inmigración, relacionando ésta directamente con la delincuencia, el desempleo o la saturación de los recursos públicos.
La división de esos grupúsculos y sus pobres resultados electorales no se corresponden, sin embargo, con los recursos económicos que manejan para realizar sus actividades. Es muy probable que la explicación esté en el caldo de cultivo creado, muy apetecible para aquéllos que tienen pocos espacios donde ir a captar el voto necesario.
Alguien, desde el laboratorio de campaña del Partido Popular, ha decidido sacar partido a uno de los pocos temas que permanecían casi sin usar en la despensa de los recursos. Hasta ahora, el único intento -fallido- fue un video de la FAES donde se alertaba de la inseguridad en España desde la llegada de los socialistas, en el cual se veían peleas en la ciudad colombiana de Medellín y, lo más desagradable, recurriendo a imágenes de inmigrantes saltando vallas de seguridad en la frontera de Melilla.
Ahora, además de la relación directa entre inmigrante y delincuente, para algunos dirigentes “populares” ese término tiene también otros sinónimos. Para el ex ministro Arias Cañete, los extranjeros son los causantes del caos en las urgencias de los hospitales y de los equívocos en los bares de vino y tapeo. Por sus palabras, se nota que él mismo visita estos últimos con frecuencia, quizá en exceso.
El candidato Rajoy pretende acabar con esos “problemas” con la creación de un contrato de integración para inmigrantes -del gusto de la extrema derecha europea- inexistente para aquéllos españoles que también lo fueron anteriormente.
Nada dice, sin embargo, de la importancia de la inmigración en la mejora de nuestra economía. Ni del verdadero efecto de la última regularización, que permitió que miles de ellos pasaran a situación legal, a cotizar a la Seguridad Social y, sobre todo, a convertirse en ciudadanos de pleno derecho en un país que les necesita y que tiene la obligación moral de demostrar, el 9 de marzo, que tiene buena memoria.
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