ANCHO DE BANDA (O DE MANGA)
22-11-2007 00:00:01

El órgano europeo de la Competencia alertaba esta semana que los usuarios españoles de banda ancha abonan un 20% más que la media del resto del continente por los servicios prestados, ocupando el quinto lugar ente los países de la OCDE.
Según este organismo, la enorme diferencia entre los precios en España y los del resto de Europa se debe a la escasez de competencia en nuestro país, que se traduce en unos precios excesivos y en una falta alarmante de inversiones por parte de las propias empresas que prestan el servicio.
En cuanto a la velocidad que ofrecen los proveedores, ésta apenas llega a la mitad de la media europea y se queda muy por debajo de lo que ofrecen al cliente, a no ser que éste resida en zonas dotadas de una buena anchura de banda, algo que no es muy común en la mayoría de los municipios de El Bierzo y, en particular, en muchas zonas del municipio de Ponferrada.
El resultado es la pescadilla que se muerde la cola: A mayor precio del servicio, menor demanda del usuario. Y a esto último, menos inversiones para mejoras y más en tele marketing y en publicidad engañosa. Todo ello se traduce en unas tarifas abusivas, un servicio que no se corresponde con ellas y un usuario indefenso.
En dos años, he cambiado de compañía en tres ocasiones. La primera empresa suministradora que contraté, se dedicó a cobrarme al mes casi 50 euros sólo por la conexión a Internet. Un servicio que, por cierto, apenas llegaba a la cuarta parte de la velocidad que la empresa me había ofrecido y que cada cierto tiempo quedaba interrumpido. Misteriosamente, la incidencia nunca iba más allá de las 24 horas, plazo máximo que la empresa determinaba en el contrato, antes de devolverle la mensualidad al cliente. Las deficiencias en la velocidad y en el servicio no fueron suficientes para que, a finales de mes, la factura presentase cambios a mi favor.
La siguiente empresa que contraté es una de las que más dinero se gastan en publicidad. 30 euros al mes por el servicio de Internet a 20 megas y tarifa plana para llamadas a fijos nacionales. Una llamada a un teléfono gratuito bastó para darme de alta. Los problemas llegaron cuando, a los pocos días, todo dejó de funcionar. Fue entonces cuando pude comprobar que el servicio técnico para clientes consistía en una línea 902, con un elevado coste por minuto y cuyas llamadas eran eternas.
A la tercera llamada sin resultados pasé al plan B: Ir a mi oficina bancaria y ordenar que no se atendiese un solo cargo más de la empresa hasta que no pudiera disfrutar de los servicios que, en cambio, pretendían seguir cobrándome. El segundo paso fue comunicarles mediante un burofax mi decisión. Y así fue como, por arte de magia, la compañía se puso en contacto conmigo en apenas unas horas.
La siguiente odisea fue la de darme de baja y mantener mi número de teléfono al darme de alta con la siguiente compañía. Solucionado ya el problema, actualmente soy un sufrido usuario de una empresa de telecomunicaciones que, de vez en cuando, no me permite enviar a tiempo esta columna.
Categoría: General 1 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Hecho con
El niño que iba con su tía era mi padre. El niño que encontraron en Pereje, el tuyo.
Un fuerte abrazo Santiago.
Esto me lo ha contado ayer mi padre.
César.