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Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

ESPAÑOLES DE PRIMERA

04-10-2007 00:00:01

El Partido Popular acaba de presentar una campaña bajo el título “somos España” destinada a defender la nación, según ellos, ante una “gravísima encrucijada histórica” fruto de los pactos del Gobierno con los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes.
Sin embargo, parece que los “populares” no se han enterado de que la España que defiende su partido no es la que desean la mayoría de los españoles. No en vano, si así lo fuera, probablemente hoy ese partido no estaría en la oposición.
En la actual situación, quizá sería más necesaria una campaña que ayudase al PP a hacer memoria de otras situaciones no muy lejanas en el tiempo. Por ejemplo, cuando el anterior presidente del Gobierno hablaba catalán en la intimidad y recibía en su despacho de Moncloa al nacionalista vasco Xavier Arzalluz, el cual aseguraba haber conseguido más en 14 días con Aznar que en 14 años con González. Sin embargo, en aquel tiempo nadie aprovechó las circunstancias para alertar sobre el peligro de desvertebración del país.
El empeño del PP en combatir un nacionalismo con otro todavía más reaccionario no parece la mejor fórmula, pero confirma su estrategia de que cuanto peor, mejor. Aunque sea a costa de reducir cada vez más los ya de por sí pobres resultados del PP en Cataluña o en el País Vasco cuyos máximos dirigentes, Daniel Sirera y María San Gil, son dos de los rostros de la campaña. Un nacionalismo que se doblega ante los Estados Unidos y se empeña en enfrentar a catalanes, vascos o gallegos contra el resto de sus compatriotas no parece ser el mejor remedio.
Hace setenta años, algunos se erigieron en salvadores de la patria provocando un conflicto que costó la vida a cientos de miles de españoles. Para ganar aquella guerra, los que se autodenominaban “nacionales” contaron con la ayuda de los nazis alemanes, los fascistas italianos y los regulares africanos. Finalizada la contienda, los vencedores pusieron el país exclusivamente a su nombre y situaron en la anti-España a los demócratas. Y en esas andamos todavía.
Aquella España democrática y plural de la segunda República se construyó sobre la voluntad popular, pero fue aniquilada por la fuerza de las armas. Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Cuarenta años de dictadura totalitaria fueron suficientes para identificar a todo un país con un proyecto reaccionario. Hoy, frente a los que siguen manteniendo que España es patente suya están los que no se sienten identificados con un país cuyo modelo no han podido recuperar. Quizá sea ese el principal origen de un rechazo que cada vez se acentúa más.
Mientras tanto, el PP sigue empeñado en erigirse como el mejor legado de aquel régimen, del cual no ha sabido ni ha querido desprenderse y sigue criminalizando a los que creen en otra configuración del estado desde posiciones democráticas.
Una derrota en las próximas elecciones generales provocaría cambios importantes en el PP, que mejorarían la higiene democrática. Pero atrás habrían quedado los cuatro años de oposición más irresponsables desde la vuelta de la democracia.

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