¡JODER, QUÉ TROPA!
13-09-2007 00:00:01

El alcalde de Oencia, José Estanga, pedía el pasado sábado en su ofrenda que la Virgen de la Encina iluminara a algunos políticos. Sin duda, no existe voz más autorizada en El Bierzo para saber lo que es andar justo de luces que la de un personaje tan reñido con la inteligencia como el citado regidor. Si la Morenica le toma la palabra, mucho me temo que va a tener que hacer horas extras para reparar semejante avería.
En el ámbito terrenal, el espectáculo lamentable de Estanga pone de manifiesto lo poco que preocupa en determinados partidos políticos que personajes así puedan circular por ahí representando a sus siglas. Por lo visto, poco importan las formas con tal de poner la chincheta en el mapa electoral de zona, aunque eso suponga que todo un municipio tenga que avergonzarse por la actitud analfabeta y xenófoba de su representante.
Con la primera alusión a la política del regidor de Oencia, la curia empezó a poner cara de circunstancias. Una parte de ellos, porque consideraban que no estaba bien que un acto religioso se acabara convirtiendo en un mitin. La otra, en cambio, porque tenían claro que esa facultad era exclusiva del obispo de Astorga.
Y si la puesta en escena de Estanga fue bochornosa, la del obispo la superó con nota. De un alcalde así poco se puede esperar; de un obispo, sin embargo, se supone que sabe lo que dice y cómo, dónde y cuándo lo dice. Y de ahí la gravedad de sus palabras.
El inquilino del palacio episcopal no desaprovechó la afluencia de gentes al acto para criticar en su homilía, entre otros, al Gobierno de España. En primer lugar, con temas como el de la Educación para la Ciudadanía, asignatura recomendada por el Consejo de Europa y aceptada por todos los sistemas educativos, con la única excepción de la Iglesia española. Sin embargo, discursos como el de Estanga o el de Camilo Lorenzo son la prueba evidente de la necesidad de implantar la nueva asignatura.
Las críticas continuaron con temas como la separación, el divorcio y el supuesto abandono de los niños como consecuencia de los mismos. En ese sentido, uno se pregunta si el obispo piensa por un momento en esos pequeños que soportan situaciones familiares insostenibles y que consiguen salir adelante una vez liberados de las mismas; o quizá en los casos de violencia de género que no llegan a consumarse gracias a una separación a tiempo; o en los que se consuman por no haberse producido ésta.
Sin embargo, en su defensa de los más pequeños, el obispo se olvidó de condenar los múltiples casos de abusos sexuales, algunos de ellos cometidos por miembros de la Iglesia española y que las propias autoridades religiosas han tratado de ocultar.
Es obvio que, por su condición, un obispo es inexperto a la hora de conocer muchos aspectos de una familia. En el caso del de Astorga, sus palabras demuestran que tampoco es la persona más apropiada para tratar de imponer el rumbo de la misma.
Y por último, destacar la actitud de algunos políticos que aguantaron en sus asientos y demostraron estar por encima de las circunstancias. Como no hay mal que por bien no venga, quizá la experiencia de este año les sirva para empezar a plantearse el separar las ceremonias civiles de las religiosas.
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