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Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

EL FINAL DEL DUELO

19-07-2007 00:00:01

Han pasado 71 años desde que una parte del ejército español quebrantara su juramento y se alzara en armas contra la legalidad democrática. Dirigidos por los generales más carniceros y al servicio del capital, del clero y de los sectores más reaccionarios de la sociedad, se sublevaron contra el gobierno del Frente Popular, legítimamente elegido por el pueblo español en la primavera de 1936.
Y si en un principio las autoridades republicanas intentaron tranquilizar a la población asegurando tener bajo control la revuelta, pronto se demostró que aquellos militares estaban dispuestos a aplicar los métodos sanguinarios que habían practicado en las campañas africanas, pero esta vez contra su propio pueblo.
Fracasado el Golpe de Estado, la guerra demostró que aquéllos que la habían provocado no ahorrarían esfuerzos con tal de saciar su sed de sangre, de poder y su afán por asegurar sus privilegios ancestrales, que se habían visto amenazados desde la llegada -cinco años antes- de aquel régimen de libertades.
En cuanto a El Bierzo, la toma de Ponferrada por las tropas sublevadas que venían de Galicia -sólo tres días después- significó el comienzo de la represión contra las autoridades republicanas. Alcaldes, dirigentes de las Casas del Pueblo o sindicalistas se convirtieron en el blanco perfecto a la hora de sembrar el terror entre el resto de habitantes. Más tarde le tocaría el turno a maestros, médicos o destacados miembros de la cultura y las artes.
Así, en pocos meses, los que se habían decantado políticamente por las izquierdas o mostrado contrarios a la sublevación, se dividían en tres grupos: Los que flanqueaban caminos y carreteras sepultados en sus cunetas, aquéllos que consiguieron llegar a la zona republicana de Asturias, y los que esperaban ocultos en algún lugar cercano a su domicilio, alimentados por sus propias familias.
Entre esos últimos se encontraban Aladino Pérez y Leonides Rodríguez, dos mineros de San Pedro Mallo, que habían permanecido ocultos en una casa del pueblo desde los primeros días de la sublevación militar. Pero en la mañana del 27 de noviembre de 1936, la denuncia de un vecino trajo consigo la detención y el asesinato de ambos por un grupo de guardias civiles y falangistas de Matarrosa.
Hace unos días, un grupo de arqueólogos hallaba la primera de las fosas que se pretenden exhumar -en la que se encuentran los restos de Leonides- en una huerta de la cercana localidad de Santa Leocadia. Entre los que se acercaron a la exhumación se encontraban sus familiares y los habitantes más longevos del pueblo, que un día fueron sus vecinos y que hoy son los guardianes de su memoria.
Pero si hubiera que destacar una presencia por encima de todas, esa era la de uno de los voluntarios que se prestó a colaborar con más afán; José, pedáneo de la localidad y nieto de aquel hombre cuya denuncia provocó la tragedia. Su admirable gesto permitió que los nietos de aquellos que fueron víctimas y victimarios pudieran mirarse a los ojos por primera vez y aprender de un pasado que no debería repetirse jamás.

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Referencias


Comentarios
Comentario hecho por Nedy, el día 19-07-2007 12:58:48h.
Además de un buen repaso a la historia, nos recuerdas a un grupo de gente voluntaria que trabaja para recuperar a los desaparecidos del franquismo. Y por si fuera poco nos cuentas la bonita y poco frecuente, por desgracia, historia del nieto del delator, ayudando a buscar los restos del delatado.
Sique así, Santi, esto solo nos lo podías ofrecer tú, con tu esfuerzo diario. Por si alguno se cree que te traen los datos a casa, que sepan que uno se tiene que mover un montón y hablar con mucha gente.
No cambies nunca
Un ABRAZO, Nedy



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