LOS HEREDEROS
24-05-2007 00:00:01

El que fuera hasta hace tres años presidente del Gobierno, José María Aznar, efectuaba el pasado martes unas declaraciones durante un mitin en Calatayud en las que, de nuevo, demostraba su grado de delirio y su gran aportación al actual nivel de crispación. Según sus palabras, el país “no necesita remover huesos, ni mirar al pasado”, dejando bien claro su escaso compromiso con el cumplimiento de los derechos humanos y su sensibilidad hacia los que, todavía hoy, siguen buscando a sus seres queridos.
Sus palabras son un ejercicio de doble moral, pues quien se denomina por un lado defensor a ultranza de las víctimas del terrorismo, desprecia por el otro a las que lo fueron de un terrorismo de Estado -el franquista- que causó miles de víctimas y gobernó a sus familias durante cuarenta años.
El desmemoriado ex-presidente olvida que durante sus ocho años de mandato él también miraba al pasado pero de forma bien diferente; ya fuera subvencionando a la Fundación Francisco Franco -encargada de velar “por el legado del Caudillo”- o no apoyando exhumación alguna en España mientras financiaba las realizadas paralelamente en Rusia con los muertos de la División Azul que lucharon junto al ejército nazi; o aplaudiendo cada vez que se elevaba a los altares a las víctimas de un solo bando y enviando varias delegaciones de su gobierno a las ceremonias de beatificación en el Vaticano. Unos y otros, en su mayoría, herederos del franquismo y erigidos en guardianes de su legado.
La actitud de Aznar no es la única que queda en entredicho: Hace cuatro años, un grupo de voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica descubrió una fosa bajo un montón de carbón a las afueras de Villager de Laciana. En ella se encontraban los restos de Gabriel García Otero, un vecino de la localidad fusilado el 18 de agosto de 1936, un mes después del golpe de Estado que provocó la guerra civil.
Dos días después, se procedió a la exhumación y al traslado al laboratorio forense para la elaboración del informe antropológico. En abril de 2004, finalizado el proceso -lo que Aznar denomina “remover huesos”- los restos fueron entregados a la familia. Su hija pequeña, nacida sólo seis días antes del asesinato de su padre, los trasladó al cementerio de Villablino. Aquel duelo, suspendido durante 67 años, finalizaba gracias al empeño de la familia y al de aquellos que ofrecieron su trabajo altruista para conseguirlo.
Aquel mismo año se repitió la escena en 238 ocasiones. Además de León, provincias como Valladolid, Ávila, Palencia, Burgos, Toledo, Asturias, Badajoz, Ourense, Guipúzcoa o Jaén fueron escenario del trabajo de los voluntarios de la ARMH.
Esta semana se colocaba un monolito en homenaje a las víctimas del franquismo en Laciana, en el lugar donde fue descubierta aquella fosa en 2003. Pero en esta ocasión, alguien se encargó de que no se repitiera la escena de entonces, apartando de la foto a los voluntarios y poniendo en su lugar a una cuadrilla de políticos en campaña, que quizá se consideren sus herederos pero que no son más que cómplices del silencio y maestros del oportunismo. El martes se encargaron, una vez más, de demostrarlo.
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