RECONCILIACION AMENAZADA
10-05-2007 00:00:01

El próximo otoño se celebrará en el Vaticano la ceremonia de beatificación de 498 “mártires” españoles. De un solo golpe, Benedicto XVI superará a Juan Pablo II, quien durante su papado elevó a los altares a otros 479 y por supuesto a sus antecesores inmediatos -Juan XXIII y Pablo VI- los cuales se habían negado sistemáticamente a realizar tal proceso.
La Conferencia Episcopal justifica la beatificación y la considera necesaria “de modo especial” en unos momentos en los que “la reconciliación parece amenazada”. Pero, en realidad, no es más que una muestra de la indignación de la jerarquía católica a la ley de Memoria Histórica, o lo que es lo mismo, al tímido intento del Gobierno de restituir la dignidad de los que fueron represaliados por el régimen franquista.
Produce estupor, cuando menos, escuchar a la Iglesia hablar de reconciliación amenazada después de comprobar su particular forma de contribuir a ella: Por ejemplo, cuando sigue consintiendo que los restos de Queipo de Llano -uno de los militares sublevados más carnicero- permanezcan enterrados en un lugar privilegiado de la Macarena sevillana; o permitiendo que cientos de símbolos franquistas -que glorifican a un régimen asesino- sigan adornando sus templos; o despreciando sistemáticamente -salvo raras excepciones- cualquier iniciativa familiar hacia la búsqueda e identificación de sus desaparecidos para llevarlos al lugar destinado a tal fin -el cementerio- cuando quizá ella misma debería ser la promotora.
Por otro lado la Iglesia, que legitimó la sublevación militar definiéndola como Cruzada Nacional, no ha tenido nunca escrúpulos en soslayar a alguno de sus miembros que también fueron víctimas en las mismas fechas pero por diferentes victimarios, como los 16 curas vascos y navarros asesinados por el ejército franquista y que jamás han formado parte de la nómina de “mártires”.
El caso de los curas asesinados por los sublevados se repitió en numerosas ocasiones en otras zonas de retaguardia; otros, los más afortunados, se vieron obligados a abandonar su país para salvar la vida: Y todos ellos por negarse a apoyar el golpe de estado militar. Sin embargo, alguien se encargó interesadamente de apuntar en exclusividad al bando gubernamental el sambenito del “odio a la fe”. Un argumento que se contradice con los casos de varios políticos republicanos, algunos con gran responsabilidad, como el primer presidente de la Segunda República, Niceto Alcalá Zamora, al que su cristianismo declarado no le impidió ejercer su cargo.
Ese mismo argumento es el que, setenta años después, sigue defendiendo una Iglesia que demuestra su sectarismo cuando eleva a los altares solamente a una parte de sus “mártires “y olvida a la otra. Por no hablar de la actitud de alguno de sus dirigentes, como el arzobispo de Pamplona, obispo de Tudela y ex secretario general de la Conferencia Episcopal, Fernando Sebastián, que acaba de declarar “dignos de consideración y apoyo” a formaciones de extrema derecha como Falange Española de las JONS. Como dice la Biblia, “por sus hechos les conoceréis”.
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