LAS OTRAS VICTIMAS
01-02-2007 00:00:01
El pasado día 27 se celebró el Día Mundial en recuerdo de las víctimas del Holocausto, una fecha decretada hace años por las Naciones Unidas coincidiendo con el aniversario de la liberación del campo polaco de Auschwitz.
El trabajo de historiadores como Sandra Checa y Benito Bermejo documenta la presencia de más de 12000 republicanos españoles entre aquellos millones de seres humanos que padecieron uno de los acontecimientos más terribles de la historia.
El 16 de junio de 1940 se producía el ingreso del primer español en el campo de concentración de Mathausen. Se llamaba José Antonio Facila y era de Santa Eulalia, en la provincia de Badajoz. Ese mismo campo fue el escenario de la primera muerte de un compatriota; el malagueño José Marfil, fallecido el 26 de agosto de 1940.
Desde julio de 1941 hasta enero del año siguiente, ambos meses incluidos, no hubo un solo día en el que no se produjera el fallecimiento de un deportado español. El día más trágico, con 70 muertos, fue el 14 de noviembre de 1941. Por edades, la trágica lista de víctimas la encabeza el barcelonés Arnau Moliné, con 73 años, y la cierra el tarraconense Francesc Ferrando, con apenas 11 años.
En esos mismos listados aparecen nombres y lugares conocidos como Candín, municipio al que pertenecen Tejedo y Balouta, localidades de origen de Ceferino García Alfonso y José Pérez Canedo, muertos en Hartheim y Gusen, respectivamente. Ese último campo sería escenario asimismo de la muerte de Rafael Rivera Blanco, de Lomba (Benuza) y Elpidio González González, que había sido el último alcalde republicano de Palacios del Sil. La lista la completan Agustín Ovalle Ovalle, de San Juan de la Mata (Arganza), muerto en Mauthausen, Manuel Crespo López, de Lamagrande (Balboa), que falleció en Hartheim y Eulogio González, muerto en Buchenwald y natural de Páramo del Sil. Rogelio Canedo Yebra, de Carracedo y Víctor Alonso, de Odollo (Castrillo) fueron los únicos bercianos que sobrevivieron al horror.
En ninguno de los ayuntamientos de origen de aquellas víctimas se ha celebrado jamás un reconocimiento público en su memoria y sus nombres no aparecen en sus calles ni en sus edificios públicos. Da igual el signo político de quien gobierne allí. Todos ellos ignoran que la fidelidad a la Democracia se mide honrando a los que la defendieron.
En ese sentido, hace unos días el Partido Popular daba muestra de su doble moral haciendo pública una nota en la que mostraba su preocupación por el auge de negacionistas del Holocausto. Pero la única formación política que jamás ha condenado los crímenes de la dictadura no parece la más autorizada para dar lecciones en ese sentido. Por eso cuesta entender los motivos de su preocupación.
Los organismos internacionales deberían tomar medidas contra los que niegan ese u otros crímenes contra la humanidad. Quizá así descubran que en nuestro país hay quien hace lo propio con los crímenes franquistas, justificando y glorificando a los verdugos y despreciando sistemáticamente a sus víctimas. Cuando decidan tomar medidas al respecto quizá entendamos por qué muchos empiezan a preocuparse.
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