UNA FOTO INCOMPLETA
21-12-2006 00:00:01

En el verano de 1999, un grupo de personas de todas las condiciones se movilizaban para crear la asociación de Amigos del Castillo de Cornatel, con la finalidad de acabar con el abandono al que había sido sometida durante años la que fuera última residencia del conde de Lemos y que venía de sufrir durante el invierno anterior el enésimo desplome de una de sus estructuras.
Las primeras labores de desbroce y limpieza del entorno y del interior del edificio fueron llevadas a cabo en su totalidad por los miembros del joven colectivo junto a varios voluntarios que, sin apenas medios, comenzaban así a poner su grano de arena con una buena dosis de la ilusión que da un trabajo bien hecho.
El llamamiento de aquellos dio sus frutos, consiguiendo que los responsables a nivel provincial y autonómico volvieran la vista a la fortaleza y decidieran intervenir con relativa urgencia. Así, poco después, se elaboraba un Plan Director financiado por la Fundación del Patrimonio Histórico de la Junta de Castilla y León, la Diputación y en la medida de sus posibilidades, por el propio ayuntamiento de Priaranza del Bierzo, a cuyo municipio pertenece la entidad propietaria del edificio, la Junta Vecinal de Villavieja.
Pero en estas llegaron las elecciones municipales de 2003 y el relevo en la alcaldía de Priaranza del Bierzo, cargo que hasta entonces había recaído en Daniel Fernández, la misma persona que venía ocupando la presidencia del colectivo de Cornatel desde su fundación cuatro años antes.
Pero su relevo en el cargo municipal no trajo consigo el abandono de su otra responsabilidad, como más de uno hubiera hecho, y Daniel demostró a todos su compromiso siguiendo al frente de la asociación hasta hoy. Quizás ese es el principal motivo por el cual, el pasado viernes, alguien se encargó de que el colectivo no estuviera presente en el acto de recepción de la obra.
Con la cercanía de las elecciones municipales, hay fotografías que se convierten en la mejor arma electoral. Pero en este caso, quien movió los hilos para apartar al colectivo del lugar que le correspondía más que a nadie, no calculó el coste que puede tener una ausencia a veces. Y más sabiendo que en la fotografía sí estaban, junto a los patrocinadores, algunos de los que no hace mucho aseguraban que lo mejor que se podía hacer con el castillo era dinamitarlo.
Ahora, se intenta justificar la ausencia en el acto de la asociación por no ser una de las entidades que financiaron las obras, pero quienes así piensan olvidan que fue ese colectivo el patrocinador intelectual y el que primero alertó del abandono de la fortaleza cuando nadie apostaba por ella, contribuyendo desde el principio con su trabajo altruista y su capital humano.
Por eso, lo mínimo que se debería hacer es una inauguración en la cual la asociación ocupe el lugar que se merece. Y luego, satisfacer una de sus principales reclamaciones: tener su sede en una de las instancias habilitadas en el interior de la fortaleza. Sin duda alguna, si las piedras hablaran la decisión ya estaría tomada.
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