MEMORIA SELECTIVA
30-11-2006 00:00:01
La Conferencia Episcopal acaba de hacer público un extracto de su pastoral “Orientaciones morales ante la situación actual de España”. Dentro de ella y bajo el epígrafe “La reconciliación, amenazada”, los obispos llaman la atención sobre “el peligro que supone dilapidar los bienes alcanzados y reabrir viejas heridas con la utilización de una memoria histórica guiada por una mentalidad selectiva”.
La pastoral también señala el “importante papel que los católicos” (no todos) tuvieron en la restauración de las libertades, pero no dice nada de su actuación durante la guerra civil y del apoyo a la dictadura del general Franco, que secuestró durante cuarenta años nuestra democracia con la bendición de la jerarquía de la iglesia.
Es lamentable que la iglesia católica española hable de una memoria histórica selectiva cuando como institución apoyó y ayudó a construir un régimen que “seleccionó” a los españoles que podían tener derechos y los que no.
Con su bendición, durante la guerra y la dictadura se llevaron a cabo miles de ejecuciones y desapariciones de hombres que eran “seleccionados” por sus ideas políticas; con su participación, el régimen practicó una política represiva con el fin de “reeducar” a los republicanos, labor que realizaron en cárceles y campos de concentración, situados en su mayoría en edificios religiosos voluntariamente cedidos a la causa de la “cruzada”.
Así, durante el franquismo nadie alzó la voz desde las instituciones católicas para denunciar una memoria que entonces sí fue selectiva. Incluso hoy, treinta años después de la muerte del dictador, ésta sigue aferrándose a su pasado franquista, manteniendo en sus edificios símbolos de aquella época o panteones en su interior que guardan los restos de algunos de los generales más carniceros de la contienda.
Setenta años después, la iglesia sigue canonizando a sus mártires. Pero tampoco éstos se libran de una “selección” previa: La prueba está en las decenas de sacerdotes asesinados por defender la legalidad republicana y a los que nadie ha elevado a los altares.
Con las recomendaciones de la pastoral, los representantes de la iglesia católica demuestran la distancia que les separa de una buena parte de la sociedad de este país, pues a estas alturas deberían saber que esas heridas no son viejas porque nunca han podido cerrarse, y que la reconciliación no es un término vacío, si no algo que se consigue trabajando por la verdad, la justicia y la dignidad.
Eso es lo primero que debería reclamar la Conferencia Episcopal si aplicara en realidad la doctrina cristiana. Verdad, justicia y una sepultura digna para los miles de hombres y mujeres que todavía permanecen en fosas comunes, algo que hacen instituciones católicas de muchos países, que defienden la universalidad de los derechos humanos y no tienen una interesada visión conservadora de los mismos.
De la misma forma, debería pedir perdón pública y notoriamente por su apoyo sin fisuras a una dictadura que llevó a cabo una dura represión contra hombres y mujeres a los que, como prójimos, deberían haber amado y respetado.
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