JUSTICIA A LA CARTA
09-11-2006 00:00:01

El Alto Tribunal de Irak acaba de condenar al exdictador Sadam Husein a morir en la horca. Finaliza así un proceso que se inició el 19 de octubre del pasado año y que ha estado salpicado desde el primer momento de falta de imparcialidad: Apenas 24 horas después de comenzar era asesinado en Bagdad uno de los abogados de Sadam y sólo un mes más tarde caía el segundo. En junio de este año lo hacía el tercero, amén de varios familiares de jueces, fiscales y otros funcionarios relacionados con el proceso. Pero a día de hoy nadie ha sido detenido por esos crímenes.
Y por si fuera poco, la sentencia se daba a conocer el pasado domingo, casualmente dos días antes de las elecciones que se celebraban este martes en los Estados Unidos y cuando el presidente George Bush atravesaba por los índices de popularidad más bajos de todo su mandato. Pero, por fortuna para la paz mundial, la operación no dio los resultados esperados y los republicanos se alejan poco a poco de la Casa Blanca.
Así todo, el presidente de los Estados Unidos manifestaba momentos después de conocerse la sentencia que la condena era un “importante logro” en el camino hacia la libertad de Irak y “una prueba de la independencia del poder judicial” en aquel país. Nada más lejos de la realidad…
La sentencia contra el exdictador viene dictada por la muerte de 148 civiles chiíes en 1982, como represalia por un atentado frustrado contra el propio Sadam. Esa cifra de muertos se antoja ridícula frente a las más de 800.000 víctimas entre la población civil desde el inicio de la guerra de Irak.
Al asesinato de miles de víctimas habría que sumar otros tipo de delitos, cómo el de desacato a las Naciones Unidas o la falsificación de las pruebas presentadas ante la Asamblea de ese organismo para justificar una invasión que tenía el propósito de “democratizar” el país a base de “fuego amigo”. Sólo hay que encender todos los días la televisión para ver los resultados.
Sin embargo, ninguno de los causantes de esta sangría se ha sentado todavía en el banquillo de ningún tribunal y mucho nos tememos que jamás lo harán. Incluso hoy mismo, mientras muchos siguen felicitándose por el veredicto, los carros de combate israelíes atacaban una zona residencial en Palestina, causando la muerte de más de una veintena de civiles, casi todos mujeres y niños.
Esta última masacre se une a una larga lista de acciones cometidas durante años por parte del ejército israelí que dejan tras de sí miles de muertos entre la población civil palestina o libanesa. Pero todas ellas han quedado impunes. En este caso, la postura de los Estados Unidos es la del veto constante a todas las resoluciones de condena contra Israel por parte de la Asamblea de las Naciones Unidas.
Lo cierto es que cuesta diferenciar a una dictadura como la iraquí de supuestas democracias como las de Estados Unidos o Israel. No en vano, ambas tienen la misma forma de aplicar justicia, condenando a sus oponentes a la pena de muerte sin las mínimas garantías legales.
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