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PASABA POR AQUÍ

Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

EN HONOR A LA VERDAD

27-07-2006 00:00:01
“El futuro no se puede construir sin el conocimiento del pasado”. Con esa afirmación, que comparto plenamente, finalizaba una columna aparecida aquí el pasado sábado. Sin embargo, después de leerla, no parece que el autor tuviera la intención de aplicarla.
Utilizar la versión única del franquismo no es lo más recomendable para saber lo sucedido en este país antes y después del verano de 1936. Hoy en día, a casi nadie se le ocurre contar lo sucedido en Guernica basándose en esa misma fuente, exceptuando a los revisionistas del régimen y a los estómagos agradecidos de la actualidad.
Algo similar sucede con la versión oficial de lo ocurrido en Ponferrada. Sin embargo, la causa sumarísima 133/36, depositada en el Archivo de la Región Militar Noroeste e instruida al día siguiente de los sucesos, viene a contradecir la versión oficial.
El 17 de julio de 1936, el Gobernador Civil de Oviedo enviaría una columna de mineros a Madrid ante las noticias que llegaban desde África. Al mando de las mismas iba el Teniente de Asalto Alejandro García Menéndez, que abandonaba el Principado con la promesa del General Aranda de mantenerse fiel a la República. Pero ya en Benavente, los expedicionarios conocerían la noticia de la traición del mando militar.
De regreso a Oviedo, la expedición se detendría en Ponferrada para continuar el viaje en el tren de la Minero Siderúrgica de Ponferrada y en varios camiones. Pero en la ciudad se repetiría la historia de Oviedo, esta vez en la figura del capitán de la Guardia Civil, Román Losada, que había concentrado a toda la fuerza de la zona dentro del cuartel.
Delante del edificio, decenas de vecinos reclamaban un gesto de adhesión a la legalidad por parte de las fuerzas, que poco después obtendrían. Pero una vez calmados los ánimos, y cuando la columna asturiana se disponía a reanudar la marcha, se entablaría un tiroteo desde el interior del cuartel hacia la multitud que daría inicio al combate.
Poco después, el teniente García Menéndez intentaría detener la refriega penetrando en el cuartel -pañuelo blanco en mano- para dialogar con el capitán Losada, el cual accedería. Pero ya en el interior, el oficial de la benemérita traicionaría de nuevo su palabra y llevaría a cabo la detención del teniente.
La falta de mandos militares y la posterior llegada desde Galicia de las tropas del sublevado comandante Manso pondrían fin a un episodio que se saldaría con trece heridos en las filas de la guardia civil y diecinueve muertos entre la población, quince de ellos sin identificar, la mayoría miembros de la columna de asturianos. Pero la cifra aumentaría con los fusilamientos y paseos de decenas de detenidos tras los combates.
La importancia de conocer el pasado deberían demostrarla los responsables del Museo del Bierzo, antigua cárcel donde pasaron sus últimas horas decenas de condenados a muerte; hoy en día, nada recuerda lo que un día significó aquel lugar. Nada recuerda tampoco a los miembros de la corporación municipal en aquel momento, todos ellos fusilados -amén de otros- por defender la legalidad; los tenientes de alcalde Carlos Garzón y Arturo Pita y el alcalde, Juan García Arias, padre del también columnista José Luis García Herrero. Por respeto a ellos, y en honor a la verdad, había que hacer algo.

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