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Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

TAN LEJOS, TAN CERCA

09-02-2006 01:00:38
La semana pasada, un reportero del programa Diario de…, de Telecinco, lograba entrevistar con una cámara oculta a José Ignacio Zuazolazigorraga y a Kándido Aspiazu, dos antiguos miembros de ETA, autores materiales de la muerte en 1980 de Ramón Baglietto, concejal de UCD en el ayuntamiento guipuzcoano de Azkoitia.
Entre otras cosas, las imágenes evidenciaban la falta de arrepentimiento de los culpables y las razones -si se les puede llamar así- que les llevaron a atentar contra la vida de uno de sus vecinos. Pero quizás lo más duro era conocer el drama personal de Pilar Elías, viuda de Baglietto y también concejala en Azkoitia en las filas del PP, quien calificaba de insostenible el hecho de tener que cruzarse a diario con los asesinos de su marido. En ese sentido, hace tan sólo unos días, un reportaje aparecido en este mismo periódico denunciaba la situación actual de uno de los autores, que desde su salida de prisión trabaja en un negocio situado junto al portal donde vive la viuda de Baglietto.
El reportaje de Telecinco me dejó varias lecturas. Pero sobretodo me sirvió para meterme en la piel de los que me habían contado cientos de casos similares al de Pilar Elías. Me permitió, por un instante, imaginar lo que se siente cuando se vive en una situación tan dura de asimilar en democracia, pero que no es novedosa para miles de personas a las que les tocó vivir la dictadura franquista del lado de los vencidos.
Y pensé en aquellas madres y aquellas abuelas que tuvieron que vivir con la cabeza agachada, forzadas a dar los buenos días a los que habían sido los autores materiales de las desapariciones y asesinatos de sus maridos. Pensé en Senén y en Sinforiano, en Arturón y en Nicandro o en Faustón, el cual se regodeaba de las 104 víctimas que llevaba a sus espaldas mientras la justicia de Franco juzgaba los crímenes cometidos solamente por uno de los dos bandos. La muerte del dictador hubiera podido significar el inicio de un proceso legal contra aquellos asesinos de Falange pero no fue así. Ahora la obligación para las familias era la de perdonar, pese a que nadie tuvo el más mínimo gesto de perdón, justicia o arrepentimiento hacia ellas.
Por tanto, no es descabellado pensar que el principal pilar sobre el que se apoyó la Transición fue la generosidad de las familias de las víctimas. Esa es la única solución para acabar con el conflicto en Euskadi. El cambio de la dictadura a la democracia en España siguió adelante a pesar de la benevolencia de la justicia hacia los que torturaron y asesinaron impunemente durante 40 años. Afortunadamente, eso no se ha repetido en Euskadi, donde los asesinatos se pagan con años de prisión.
Sin embargo, muchos de los que aplauden que no se haya hecho justicia por los crímenes durante la dictadura, se rasgan las vestiduras cuando un etarra ve rebajada su condena en base al Código Penal de 1973 por el que se le juzgó. Son los que reclaman que las familias de los desaparecidos perdonen, cuando ellos no son capaces de hacerlo. Los mismos que levantan el dedo a la hora de reclamar más apoyo para algunas asociaciones de víctimas del terrorismo, al tiempo que votan contra la propuesta de declarar el año 2006 como Año de la Memoria.

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