VIDAS PARALELAS
08-12-2005 15:04:06
De sobra son conocidas las diferencias que separan tanto en lo ideológico como en otros aspectos al anterior presidente del gobierno José María Aznar y al actual responsable del ejecutivo, José Luís Rodríguez Zapatero. Pero si tuviéramos que escoger entre alguna de ellas yo me quedaría con la que guarda un paralelismo más espectacular con la trayectoria de ambos en el último año y medio, y que no es otra que la que respecta a los gustos futbolísticos. Así, mientras Aznar es un incondicional del Real Madrid, Zapatero bebe los vientos por el gran rival, el Barça.
En los últimos años, mientras la supremacía de los blancos era indiscutible y todo era una balsa de aceite, los azulgranas pasaban una travesía en el desierto marcada por los constantes desencuentros en el seno del club y el fracaso en la búsqueda de un digno sustituto de Johan Cruyff, el entrenador que había llevado al equipo a cosechar sus mayores éxitos deportivos. Mientras tanto, en el plano político el PP disfrutaba de la mayoría absoluta que los españoles le habían concedido en 2000, mientras en el PSOE estaba enfrascado en encontrar alguien que sucediese a Felipe González y llevase al partido a gobernar de nuevo el país.
Pero lo que nadie se imaginaba era que en tan poco tiempo la situación de ambos iba a dar un giro tan radical. Desde la primavera de 2004 hasta el momento actual, a una de las dos partes le queda el consuelo de ver como la otra, después de sufrir un hastío de años, comienza a cosechar los éxitos que añoraba.
Pero la principal diferencia entre los dirigentes del fútbol y los de la política es la gran deportividad con la que han asumido los actuales mandatarios del balompié ante los éxitos o fracasos del equipo rival, algo a lo que no estábamos acostumbrados desde hace años y que desde luego arroja sobre este deporte un toque de cordura que sin duda necesitaba. Personalmente, tengo que reconocer que en el último clásico lo que más me emocionó, al margen del fútbol alegre del Barça, fue la imagen de la afición del Real Madrid reconociendo con un aplauso el buen juego del rival. Esa misma afición dictaría sentencia días después y ello provocaría el adiós del entrenador.
Por el contrario, en la política actual la derecha está empeñada en sembrar de crispación la vida política y nos demuestra día a día que no sabe aceptar los resultados de unas elecciones democráticas cuando no le son favorables. No sabe vivir en la oposición, y ante la falta evidente de ideas intenta recuperar el control del país a base de confundir debate con debacle o a relacionar a los que discrepan con sus ideas con los terroristas que tanto rédito político le dieron hasta el último día. Pero al contrario de lo que hizo el Real Madrid con Luxemburgo, el PP ha decidido renovarse con caras nuevas como la de Rajoy, Acebes o Zaplana, los máximos responsables de la derrota de marzo de 2004.
Demostrado, por tanto, que la tortilla puede dar la vuelta en el momento menos esperado, los responsables de la política municipal de Ponferrada deberían tomar nota y no obviar los principios básicos del juego, porque ”vender camisetas” no lo es todo, cuando se olvida lo esencial, que es jugar al fútbol siguiendo el reglamento.
En los últimos años, mientras la supremacía de los blancos era indiscutible y todo era una balsa de aceite, los azulgranas pasaban una travesía en el desierto marcada por los constantes desencuentros en el seno del club y el fracaso en la búsqueda de un digno sustituto de Johan Cruyff, el entrenador que había llevado al equipo a cosechar sus mayores éxitos deportivos. Mientras tanto, en el plano político el PP disfrutaba de la mayoría absoluta que los españoles le habían concedido en 2000, mientras en el PSOE estaba enfrascado en encontrar alguien que sucediese a Felipe González y llevase al partido a gobernar de nuevo el país.
Pero lo que nadie se imaginaba era que en tan poco tiempo la situación de ambos iba a dar un giro tan radical. Desde la primavera de 2004 hasta el momento actual, a una de las dos partes le queda el consuelo de ver como la otra, después de sufrir un hastío de años, comienza a cosechar los éxitos que añoraba.
Pero la principal diferencia entre los dirigentes del fútbol y los de la política es la gran deportividad con la que han asumido los actuales mandatarios del balompié ante los éxitos o fracasos del equipo rival, algo a lo que no estábamos acostumbrados desde hace años y que desde luego arroja sobre este deporte un toque de cordura que sin duda necesitaba. Personalmente, tengo que reconocer que en el último clásico lo que más me emocionó, al margen del fútbol alegre del Barça, fue la imagen de la afición del Real Madrid reconociendo con un aplauso el buen juego del rival. Esa misma afición dictaría sentencia días después y ello provocaría el adiós del entrenador.
Por el contrario, en la política actual la derecha está empeñada en sembrar de crispación la vida política y nos demuestra día a día que no sabe aceptar los resultados de unas elecciones democráticas cuando no le son favorables. No sabe vivir en la oposición, y ante la falta evidente de ideas intenta recuperar el control del país a base de confundir debate con debacle o a relacionar a los que discrepan con sus ideas con los terroristas que tanto rédito político le dieron hasta el último día. Pero al contrario de lo que hizo el Real Madrid con Luxemburgo, el PP ha decidido renovarse con caras nuevas como la de Rajoy, Acebes o Zaplana, los máximos responsables de la derrota de marzo de 2004.
Demostrado, por tanto, que la tortilla puede dar la vuelta en el momento menos esperado, los responsables de la política municipal de Ponferrada deberían tomar nota y no obviar los principios básicos del juego, porque ”vender camisetas” no lo es todo, cuando se olvida lo esencial, que es jugar al fútbol siguiendo el reglamento.
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