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Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

HÉROES ANÓNIMOS

20-10-2005 10:31:47
Cuando se publique esta columna ya habrá pasado una semana desde que Manuel Álvarez me llamara para darme la noticia de la muerte de Laudelino Vidal. Seguro que su nombre no les dice nada. Es normal. Nacido en Carucedo hace noventa años y unos meses, Laudelino fue uno de esos héroes anónimos que se van de la misma forma que llegaron y vivieron todos estos años; En silencio.
Sólo unos días atrás habíamos hablado por teléfono. Hacía tiempo que no charlábamos y no dejaba de extrañarme su ausencia, y más ahora, que acababa de recibir en su domicilio de Carucedo el que sería el último detalle que pude tener con él, demasiado poco para lo que hubiera merecido, y que no era otra cosa que un pedazo de su vida reflejada en un libro. Afortunadamente llegó a tiempo y por fin pudo ver que alguien, en algún sitio, decía públicamente que había existido. Y eso es lo que quedará de él para la posteridad, pero para los que le conocimos quedará siempre su ternura y sus ganas de vivir hasta el último suspiro de su vida. Una vida que quedaría marcada por una guerra civil que le llevaría a conocer como la palma de su mano todos y cada uno de los escenarios de la batalla del Ebro; Ascó, Flix, Mora de Ebro, Corbera, Villalva de los Arcos o Gandesa… Siempre recordaré la emoción con la que recordaba aquellos momentos, en los que se vio obligado a combatir en un bando que no le pertenecía contra aquellos que, tiempos atrás, habían sido sus compañeros. Para unos, el destino final sería un pelotón de fusilamiento, una cuneta o el exilio y el olvido en todos los casos; Para otros, como Laudelino, aquel sería el terrible castigo, pero que le permitiría seguir con vida para contarlo.
El día del fallecimiento de Laudelino, llegó al Archivo Militar de la IV Región, en Ferrol, un hombre de edad avanzada buscando una Causa Sumarísima. Poco después, uno de los encargados del archivo me pidió que le ayudara en la búsqueda. Aquel hombre era Antonio Pereira, ilustre villafranquino y uno de los grandes maestros del relato corto, que había llegado a la ciudad departamental para dar una conferencia en el Curso de Narrativa Torrente Ballester. El sumario que buscaba relataba la detención y el posterior consejo de guerra que condenaría a muerte a su primo, Augusto Nieto Pereira, un joven tipógrafo villafranquino que empezaba a hacer sus pinitos como compositor musical. Entre las decenas de hojas del sumario, Antonio encontraría el carné de miembro de la rondalla de Villafranca, el del sindicato, y todos y cada uno de los nombres de sus defensores y detractores. Las últimas páginas relataban la angustia de un hombre condenado a muerte que contaba las horas que le quedaban de vida, y que se despedía de sus amigos deseando que la humanidad conociera su historia.
Pero setenta años después, El Bierzo y el país entero están llenos de Laudelinos y de Augustos, de mujeres y hombres anónimos que deberían ser un ejemplo y un referente para todos nosotros. Por eso, las instituciones democráticas están obligadas a hacer todo lo posible por rescatarlos del olvido, para que no mueran con el mismo silencio con el que han vivido.

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