EL ILUMINADO
06-10-2005 21:06:06
De todos es sabido que, en los últimos años, la ciudad de Ponferrada ha sufrido un cambio de imagen espectacular. Tan espectacular que hace unos días, un miembro de la corporación se refería al asunto y se atrevía incluso a parafrasear a Alfonso Guerra, cuando decía aquello de que “no la conoce ni la madre que la parió”.
Independientemente de la forma de ver la política o de cómo se han llevado a cabo algunas actuaciones, lo cierto es que los resultados están ahí y son la mejor evidencia. Luego, existen otros aspectos que sólo salen a la luz de vez en cuando y que vienen a demostrar que no sólo la ciudad ha sufrido cambios, si no también muchas de las personas que desde dentro del consistorio han contribuido en mayor o menor medida a ello. Algún mal pensado creerá que voy a hablar de lo bien que les ha ido a algunos y lo mal que les ha ido a otros, pero no lo voy a hacer, que para eso están todos esos políticos a los que el pueblo eligió para representarles.
Sólo quería referirme a cambios que por su dimensión rozan lo milagroso, y entre ellos quizás el más evidente; el caso particular de Luis Antonio Moreno, concejal de Hacienda de la ciudad desde hace años, y que de vez en cuando sale a la palestra para dar la razón al que piensa que el lugar que ocupa no es el más apropiado.
Sin ir más lejos, el otro día reprochaba las críticas que vertía el PSOE por la política de contratación en el ayuntamiento recordando a los socialistas la que ellos emplean en el Consejo Comarcal, y quizás no le falte razón, pero lo más patético es que no se dé cuenta de que esa es la manera de admitirlas como ciertas, y esos son detalles que el ciudadano entiende fácilmente. Por hacer un símil, Moreno me recuerda al más bajito de la pandilla, casi siempre el más bocazas, pero que es el primero en provocar la trifulca, sabiendo que sus compañeros le defenderán en caso de pelea, pero que un día se ve sólo ante el peligro y ahí es cuando empiezan los problemas.
Pero quizás, antes de acusar a nadie de fraude, debería pensar en él mismo; en alguien que pasó de ser un mal estudiante -como un servidor- a hacer sus pinitos en las catequesis de la parroquia y en la Ciudad Mágica para, por arte de magia, convertirse en concejal de Hacienda -sin pasar ni tan siquiera por la facultad- nada menos que de un municipio de más de 60000 habitantes y con una amplia nómina de especialistas en economía. El hecho de llevarse al final de mes un suculento sueldo por realizar actividades para las que no está capacitado, impidiendo llevarlas a cabo a los que sí lo están, es un gran regalo que le ha hecho la vida y que se repite mes a mes y año a año.
Pero eso no le impide hablar de privatización, externalización o grandes asentamientos empresariales en El Bierzo, ni tampoco de diagnosticar, a los que no piensan como él, enfermedades como la esquizofrenia, a pesar de no ser médico.
Y como no todo pueden ser reproches, le muestro desde aquí el agradecimiento en nombre de muchos ponferradinos por los buenos ratos que nos hace pasar cada vez que sale a escena, haciendo honor a un apellido que comparte con aquel entrañable cómico mejicano, de nombre Mario, y que tantas sonrisas -y lágrimas- nos sigue provocando.
Independientemente de la forma de ver la política o de cómo se han llevado a cabo algunas actuaciones, lo cierto es que los resultados están ahí y son la mejor evidencia. Luego, existen otros aspectos que sólo salen a la luz de vez en cuando y que vienen a demostrar que no sólo la ciudad ha sufrido cambios, si no también muchas de las personas que desde dentro del consistorio han contribuido en mayor o menor medida a ello. Algún mal pensado creerá que voy a hablar de lo bien que les ha ido a algunos y lo mal que les ha ido a otros, pero no lo voy a hacer, que para eso están todos esos políticos a los que el pueblo eligió para representarles.
Sólo quería referirme a cambios que por su dimensión rozan lo milagroso, y entre ellos quizás el más evidente; el caso particular de Luis Antonio Moreno, concejal de Hacienda de la ciudad desde hace años, y que de vez en cuando sale a la palestra para dar la razón al que piensa que el lugar que ocupa no es el más apropiado.
Sin ir más lejos, el otro día reprochaba las críticas que vertía el PSOE por la política de contratación en el ayuntamiento recordando a los socialistas la que ellos emplean en el Consejo Comarcal, y quizás no le falte razón, pero lo más patético es que no se dé cuenta de que esa es la manera de admitirlas como ciertas, y esos son detalles que el ciudadano entiende fácilmente. Por hacer un símil, Moreno me recuerda al más bajito de la pandilla, casi siempre el más bocazas, pero que es el primero en provocar la trifulca, sabiendo que sus compañeros le defenderán en caso de pelea, pero que un día se ve sólo ante el peligro y ahí es cuando empiezan los problemas.
Pero quizás, antes de acusar a nadie de fraude, debería pensar en él mismo; en alguien que pasó de ser un mal estudiante -como un servidor- a hacer sus pinitos en las catequesis de la parroquia y en la Ciudad Mágica para, por arte de magia, convertirse en concejal de Hacienda -sin pasar ni tan siquiera por la facultad- nada menos que de un municipio de más de 60000 habitantes y con una amplia nómina de especialistas en economía. El hecho de llevarse al final de mes un suculento sueldo por realizar actividades para las que no está capacitado, impidiendo llevarlas a cabo a los que sí lo están, es un gran regalo que le ha hecho la vida y que se repite mes a mes y año a año.
Pero eso no le impide hablar de privatización, externalización o grandes asentamientos empresariales en El Bierzo, ni tampoco de diagnosticar, a los que no piensan como él, enfermedades como la esquizofrenia, a pesar de no ser médico.
Y como no todo pueden ser reproches, le muestro desde aquí el agradecimiento en nombre de muchos ponferradinos por los buenos ratos que nos hace pasar cada vez que sale a escena, haciendo honor a un apellido que comparte con aquel entrañable cómico mejicano, de nombre Mario, y que tantas sonrisas -y lágrimas- nos sigue provocando.
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Hecho con
¿Nadie se había enterado?
Lo dicho.