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Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

CUESTION DE PELOTAS

22-09-2005 00:50:28
Supongo que muchos de ustedes se quedarán atónitos después de escuchar las declaraciones de alguna personas ligadas al mundo del fútbol en los medios de comunicación; Frases que, por su evidencia, rozan lo absurdo como “vamos a salir a ganar el partido” o “este año queremos todos los títulos” solo pueden venir de personas que por algo se ganan la vida con los pies, pero que desgraciadamente ocupan más espacio en los medios que aquellos que se la ganan con la cabeza.
Esta semana, el país entero se paralizaba por el error de un árbitro que soltó un pitido milésimas antes de que un delantero rematase solo ante la portería adelantándose a la defensa. Al finalizar el partido, los jugadores del equipo perjudicado declaraban que se habían detenido al oír el silbato. Más tarde, el árbitro añadiría más confusión al tema diciendo que él no había sido el autor del pitido. Al final, las cámaras de televisión demostrarían que ni unos ni otros decían la verdad; El árbitro mentía cuando decía que no había pitado y los jugadores también, porque cuando escucharon el sonido de marras ya estaban haciendo la estatua y apenas pudieron hacer nada para que el delantero anotase el tanto que, a la postre, supondría la derrota de Goliat frente a David, y la victoria de lo terrenal frente a lo galáctico.
Demasiado castigo para un “grande” acostumbrado a pasar por encima de sus rivales, tanto en lo deportivo como en lo económico, sin tener en cuenta que esto del fútbol es, en el peor sentido de la palabra, una simple cuestión de pelotas. Tal es así que el lunes la noticia que abría los informativos era la inminente solicitud de impugnación del partido que permitiera la repetición del mismo, ganando en el despacho -donde los grandes también ganan por aplastamiento a sus rivales menores- lo que no habían sido capaces de ganar en el campo, y olvidando que en la mayoría de los casos la balanza siempre cae del lado del más grande.
El absoluto dominio del fútbol en el tiempo dedicado en los espacios de información de la mayoría de los medios de comunicación ha hecho que los que corren detrás del balón lleguen a creer que todo el mundo gira a su alrededor. Blindados con longevos contratos multimillonarios, raro es el que no reclama un aumento salarial al finalizar cada temporada, alegando que su rendimiento ha sido óptimo e ignorando tal vez que cuando lo contrataron era eso precisamente lo que buscaban de él, como nos sucede al resto de los mortales cuando comenzamos una nueva andadura laboral.
Pero no sólo los futbolistas se aprovechan del efecto balsámico que tiene su profesión desde que se inventó. En este país lo sabemos muy bien, cuando en determinada época cierto equipo era el único representante en el extranjero del imperio de un gallego regordete que aprovechaba el griterío de las celebraciones futboleras para ensordecer el sonido de las balas de los pelotones de fusilamiento y el llanto de dolor de un pueblo desolado por el hambre y la muerte.
Y es que el fútbol, con permiso de la política algunas veces, es quizá la mejor forma -o la única- de ganar popularidad para los mediocres.

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