SI BEBES NO CONDUZCAS, DEPENDE DONDE…
05-08-2005 16:17:46
Seguro que ustedes, como yo, han visto/oído a menudo alguna noticia que cuesta lo suyo llegar a entender. Por ejemplo, desde hace años vemos campañas publicitarias que pretenden concienciar a los ciudadanos sobre los beneficios del ahorro de energía. Lo curioso es que quienes se gastan los dineros difundiendo el mensaje son ni más ni menos que las empresas eléctricas más potentes del país. Algo tan alucinante como ver al vendedor pedirte que no compres se debe a que estas empresas no poseen el producto en la cantidad requerida por los usuarios y se ven obligadas a comprar a otras compañías a un precio superior al que cobran a sus clientes. Así que, puestos a consumir energía, háganlo sólo hasta cierto punto, e intenten conservar el medio ambiente sobre todo cuando eso supone un ahorro para las compañías eléctricas.
En el ámbito más local tenemos varios ejemplos. Por ejemplo, hace días conocíamos la noticia de que el ayuntamiento de Ponferrada, a través de su Concejalía de Juventud, organizaba una campaña que advertía a los jóvenes de los efectos del alcohol en la conducción. El lugar elegido para poner el punto de información era el barrio del Temple, una de las zonas de marcha más céntricas de la ciudad, con una clientela al límite de la mayoría de edad y que llega hasta el lugar mayoritariamente a pie. Ese mismo barrio que, a menudo, aparece en los medios de comunicación como escenario de altercados nocturnos, de exceso de ruido, de carreras de coches y sobre todo de una casi nula presencia policial. Datos que, sin duda, contribuyen a justificar la necesidad de que las zonas de marcha salgan fuera de la ciudad. Hasta ahí, de acuerdo, lástima de los oscuros intereses que hay detrás por parte de algunos hosteleros en cubierto.
El perjudicado no solo es el Temple: Hace días, el alcalde se comprometía a apoyar las denuncias a todos los chiringuitos y bodegas que durante años y años se han habilitado en las fiestas de los pueblos del municipio. Según el regidor, en ellos no existen garantías ni permisos. Olvida, sin embargo, la importancia que estos tienen para el sostenimiento de las fiestas y para la estancia de los jóvenes en los pueblos sin tener que coger el coche para acabar donde acaban todos “por decreto”. El alcalde dice que con esas medidas evita que Ponferrada se rija por la ley de la selva. Yo, sin embargo, creo que lo que hacen es permitir que se siga rigiendo por la ley del más fuerte.
Por el contrario, si uno sube al coche y se va a la misma hora a determinadas zonas del extrarradio -solo algunas- que todos conocemos, nada le advertirá de los riesgos del alcohol. Nadie le multará por dejar su coche encima de la acera, en doble (o triple) fila, por mear en el solar de enfrente, por competir con los colegas a ver quien llega antes al próximo destino y, sobre todo, por poder llegar a casa con unas cuantas copas de más (y algún garrafonazo, eso sí, con todos los permisos y garantías) sin ser molestado por nadie, a menos que uno sea tan ingenuo de pasar por donde todo el mundo sabe que están los del “globo”. Este fin de semana superaron la tasa de alcohol más de media docena. Apostaría a que ninguno era de Ponferrada. Lo triste es que hubo casi una docena de accidentes de tráfico, alguno con heridos. Algún día lamentaremos algo peor… al tiempo.
En el ámbito más local tenemos varios ejemplos. Por ejemplo, hace días conocíamos la noticia de que el ayuntamiento de Ponferrada, a través de su Concejalía de Juventud, organizaba una campaña que advertía a los jóvenes de los efectos del alcohol en la conducción. El lugar elegido para poner el punto de información era el barrio del Temple, una de las zonas de marcha más céntricas de la ciudad, con una clientela al límite de la mayoría de edad y que llega hasta el lugar mayoritariamente a pie. Ese mismo barrio que, a menudo, aparece en los medios de comunicación como escenario de altercados nocturnos, de exceso de ruido, de carreras de coches y sobre todo de una casi nula presencia policial. Datos que, sin duda, contribuyen a justificar la necesidad de que las zonas de marcha salgan fuera de la ciudad. Hasta ahí, de acuerdo, lástima de los oscuros intereses que hay detrás por parte de algunos hosteleros en cubierto.
El perjudicado no solo es el Temple: Hace días, el alcalde se comprometía a apoyar las denuncias a todos los chiringuitos y bodegas que durante años y años se han habilitado en las fiestas de los pueblos del municipio. Según el regidor, en ellos no existen garantías ni permisos. Olvida, sin embargo, la importancia que estos tienen para el sostenimiento de las fiestas y para la estancia de los jóvenes en los pueblos sin tener que coger el coche para acabar donde acaban todos “por decreto”. El alcalde dice que con esas medidas evita que Ponferrada se rija por la ley de la selva. Yo, sin embargo, creo que lo que hacen es permitir que se siga rigiendo por la ley del más fuerte.
Por el contrario, si uno sube al coche y se va a la misma hora a determinadas zonas del extrarradio -solo algunas- que todos conocemos, nada le advertirá de los riesgos del alcohol. Nadie le multará por dejar su coche encima de la acera, en doble (o triple) fila, por mear en el solar de enfrente, por competir con los colegas a ver quien llega antes al próximo destino y, sobre todo, por poder llegar a casa con unas cuantas copas de más (y algún garrafonazo, eso sí, con todos los permisos y garantías) sin ser molestado por nadie, a menos que uno sea tan ingenuo de pasar por donde todo el mundo sabe que están los del “globo”. Este fin de semana superaron la tasa de alcohol más de media docena. Apostaría a que ninguno era de Ponferrada. Lo triste es que hubo casi una docena de accidentes de tráfico, alguno con heridos. Algún día lamentaremos algo peor… al tiempo.
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