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PASABA POR AQUÍ

Columnas de Santiago Macías en La Crónica de León

LA MONTAÑA NEGRA

15-07-2005 00:44:55
Tenía que pasar algún día. Solo era cuestión de tiempo. Durante meses, cientos de bercianos fuimos testigos de multitud de llamadas telefónicas a una emisora de radio local en las que varios vecinos de la zona del Pajariel denunciaban a un grupo de delincuentes que se dedicaba a diario a montar la juerga campestre, dejando la zona hecha un vertedero e incluso llegando a amenazar a aquel que se atreviese a llamarles la atención. Estaban localizados y posiblemente no hubiera sido difícil acabar con sus fechorías. Pero nadie hizo caso a las denuncias.
Muchas veces nos preguntamos porqué tienen que ser los ciudadanos los que juegan un papel que deberían jugar los que reciben un sueldo a final de mes por encargarse precisamente de eso mismo. Y más ante situaciones tan evidentes y a la vista de todo el mundo como ésta. Pero desgraciadamente no es la única: El río Oza, por ejemplo, lleva años sufriendo en sus carnes una situación que roza lo delictivo. No se respeta el cauce ecológico y esa situación es difícil de soportar para la poca pesca que queda en lo que un día fue uno de los mayores tesoros ecológicos de El Bierzo. Por ese motivo, el ayuntamiento ponferradino ha sido duramente sancionado -y con reincidencia- por el SEPRONA y por la Confederación Hidrográfica del Norte, cuando el delito lo estaba cometiendo, a mi modo de ver, la empresa concesionaria del agua. Quizás ese sea el precio de la privatización, esa que algunos quieren confundir con progreso.
Hasta hace bien poco, y mientras el Oza agonizaba, las calles de Ponferrada eran regadas con el agua extraída de éste. En la actualidad, los representantes municipales informan de que los camiones se proveen de agua no apta para el consumo. Por el contrario, otras fuentes aseguran que se sigue utilizando el mismo medio de siempre. Esperemos que tengan razón los primeros. Estaremos encantados de dársela.
Un poco más abajo del Oza, en Toral de Merayo, se construyó hace unos años una zona de baño y recreo que hasta hace bien poco hacía las delicias de los habitantes del pueblo y de los foráneos que se acercaban por allí. Sin embargo, desde hace meses, zambullirse en el agua es arriesgarse a encontrar de frente un regalo defecado por un cerdo -de los de cuatro patas- apenas cinco minutos antes.
Por supuesto, no es culpa de los políticos el hecho de que no llueva o de que algún degenerado incendie un monte, pero sí son responsabilidad suya las tareas de prevención. El Pajariel y el Oza son nuestras principales señas de identidad y por lo tanto hay que mimarlos. Y mimarlos significa prestarles las mismas atenciones, a pesar de no encontrarse en el centro de Ponferrada. Porque Ponferrada es un municipio, y no sólo una ciudad. Quizás deberían tenerlo en cuenta.
Hoy vuelvo a casa después de unos días fuera de la ciudad, y todavía no sé si estoy preparado para mirar al Pajariel a los ojos sin bajar la cabeza de la vergüenza. Afortunadamente, hace ya tiempo desapareció una montaña negra del horizonte. Ahora, a Ponferrada le ha salido otra, pero ésta, al contrario que la anterior, será más difícil de cargar en camiones para repartirla por medio municipio.

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