LA MEMORIA QUE SE NECESITA RECUPERAR
01-07-2005 19:33:27
Amigo Máximo, el otro día le escuché decir que el púlpito no es el mejor lugar para arengar a sus feligreses a la hora de decidir, y no sabe lo tranquilo que me deja, sobre todo después de leer su columna del 21 de junio pasado bajo el título “Recuperar toda la memoria”.
Es cierto que en Fabero, donde usted ejerce, los libros del Registro Civil desaparecieron en dos fechas; la revolución de 1934 y los primeros días de la sublevación fascista de julio de 1936. Pero es sorprendente que omita usted de lo que vino después, como si nada hubiera pasado. Eso sí, no olvida los desmanes cometidos contra el clero en otras zonas de España.
Fabero sufrió como ningún otro pueblo la represión de los sublevados con decenas de desaparecidos, paseados y fusilados. En el Registro Civil, que cita usted, están inscritos poco más de media docena, cuando para entonces éste ya había sido repuesto. Por el contrario, de los muertos del bando sublevado, todos ellos en el campo de batalla, no falta ni uno. Y aunque hubieran quedado sin inscribir, uno sólo tiene que ir a la fachada de la capilla de la localidad para comprobar sus nombres en esa resplandeciente placa que usted cuida con tanto celo. Unos y otros estaban bautizados, sí señor, pero parece que sólo unos pocos eran hijos de Dios y caídos por éste y por España. Esos ocupan lugares de privilegio en los cementerios, y durante 40 años, o más, fueron vanagloriados, homenajeados y sus familiares disfrutaron de los mejores privilegios del régimen. Los otros, por el contrario, llenaron las cunetas del alto de Ocero, de Montearenas, de Páramo, etc… Mientras, sus familiares han sumado a la tragedia en sí de la desaparición física, la desaparición documental de la historia. Pero eso a usted parece que no le importa mucho.
La II República significó para aquellos mineros, campesinos, obreros, etc… la esperanza del fin de la incultura, de la esclavitud, del hambre, y sobre todo de la opresión de aquellos poderes que históricamente sólo habían contribuido a situar este país a la cola del mundo civilizado. No hace falta que le explique que alguno de los motivos que empujaron a la iglesia a apoyar el golpe fascista fueron la declaración del país como estado laico, la liberalización de la enseñanza o el matrimonio civil. ¡Suena tan cercano!
La oposición frontal de la iglesia a cualquiera de esas reformas contribuyó a fomentar el odio inusitado contra ésta y las consecuencias serían trágicas sobre todo a partir del 18 de julio de 1936. Así, mientras algún obispo era fusilado por incontrolados en la zona republicana, otros acompañaban a Franco y a sus generales bajo palio a las catedrales a bendecir la Cruzada y rezar por ella. Cuando acabó ésta, aquellos incontrolados que no habían sido juzgados y fusilados ya por los tribunales de la propia República, lo serían por la famosa Causa General de 1940. Finalizada la guerra, o sea, en “tiempos de paz”, Franco fue más sanguinario que el mismísimo Adolf Hitler. Miles de españoles fueron sometidos a verdaderas farsas de consejos de guerra sumarísimos y acabaron sus días frente al pelotón de fusilamiento, o muertos de hambre en los campos de concentración franquistas, 104 en toda España, algunos de ellos seminarios, monasterios u otros edificios religiosos cedidos ”generosamente” por el clero.
En la Causa General, sin embargo, no se hablaba de los miles y miles de pistoleros de Falange, militares, policías, etc… que se habían destacado por su violencia en la retaguardia. Quizá a muchos de ellos le ha dado usted la comunión, esa que olvida y perdona, sólo a veces, dependiendo de donde venga.
Habla usted de errores cometidos por otros que presuntamente no han evolucionado. Pienso humildemente que el que no ha evolucionado es usted ni la iglesia a la cual representa, que debería ser la primera en criticar sus errores y en pedir perdón por ellos, antes de achacar los que hubieran podido cometer otros. Esa es su doctrina.
Porque, a pesar de ustedes, ya no funcionan las hogueras; la tierra es redonda, la sangre corre por las venas y la orientación sexual es una libertad más del individuo.
Es cierto que en Fabero, donde usted ejerce, los libros del Registro Civil desaparecieron en dos fechas; la revolución de 1934 y los primeros días de la sublevación fascista de julio de 1936. Pero es sorprendente que omita usted de lo que vino después, como si nada hubiera pasado. Eso sí, no olvida los desmanes cometidos contra el clero en otras zonas de España.
Fabero sufrió como ningún otro pueblo la represión de los sublevados con decenas de desaparecidos, paseados y fusilados. En el Registro Civil, que cita usted, están inscritos poco más de media docena, cuando para entonces éste ya había sido repuesto. Por el contrario, de los muertos del bando sublevado, todos ellos en el campo de batalla, no falta ni uno. Y aunque hubieran quedado sin inscribir, uno sólo tiene que ir a la fachada de la capilla de la localidad para comprobar sus nombres en esa resplandeciente placa que usted cuida con tanto celo. Unos y otros estaban bautizados, sí señor, pero parece que sólo unos pocos eran hijos de Dios y caídos por éste y por España. Esos ocupan lugares de privilegio en los cementerios, y durante 40 años, o más, fueron vanagloriados, homenajeados y sus familiares disfrutaron de los mejores privilegios del régimen. Los otros, por el contrario, llenaron las cunetas del alto de Ocero, de Montearenas, de Páramo, etc… Mientras, sus familiares han sumado a la tragedia en sí de la desaparición física, la desaparición documental de la historia. Pero eso a usted parece que no le importa mucho.
La II República significó para aquellos mineros, campesinos, obreros, etc… la esperanza del fin de la incultura, de la esclavitud, del hambre, y sobre todo de la opresión de aquellos poderes que históricamente sólo habían contribuido a situar este país a la cola del mundo civilizado. No hace falta que le explique que alguno de los motivos que empujaron a la iglesia a apoyar el golpe fascista fueron la declaración del país como estado laico, la liberalización de la enseñanza o el matrimonio civil. ¡Suena tan cercano!
La oposición frontal de la iglesia a cualquiera de esas reformas contribuyó a fomentar el odio inusitado contra ésta y las consecuencias serían trágicas sobre todo a partir del 18 de julio de 1936. Así, mientras algún obispo era fusilado por incontrolados en la zona republicana, otros acompañaban a Franco y a sus generales bajo palio a las catedrales a bendecir la Cruzada y rezar por ella. Cuando acabó ésta, aquellos incontrolados que no habían sido juzgados y fusilados ya por los tribunales de la propia República, lo serían por la famosa Causa General de 1940. Finalizada la guerra, o sea, en “tiempos de paz”, Franco fue más sanguinario que el mismísimo Adolf Hitler. Miles de españoles fueron sometidos a verdaderas farsas de consejos de guerra sumarísimos y acabaron sus días frente al pelotón de fusilamiento, o muertos de hambre en los campos de concentración franquistas, 104 en toda España, algunos de ellos seminarios, monasterios u otros edificios religiosos cedidos ”generosamente” por el clero.
En la Causa General, sin embargo, no se hablaba de los miles y miles de pistoleros de Falange, militares, policías, etc… que se habían destacado por su violencia en la retaguardia. Quizá a muchos de ellos le ha dado usted la comunión, esa que olvida y perdona, sólo a veces, dependiendo de donde venga.
Habla usted de errores cometidos por otros que presuntamente no han evolucionado. Pienso humildemente que el que no ha evolucionado es usted ni la iglesia a la cual representa, que debería ser la primera en criticar sus errores y en pedir perdón por ellos, antes de achacar los que hubieran podido cometer otros. Esa es su doctrina.
Porque, a pesar de ustedes, ya no funcionan las hogueras; la tierra es redonda, la sangre corre por las venas y la orientación sexual es una libertad más del individuo.
Categoría: General 0 Comentario(s) & 1 Referencia(s)
Referencias
Hizo la Referencia 600b767ed8e3eee438d0 el día 2007-12-24 18:37:08h.
600b767ed8e3
Comentarios
Añadir un Comentario
Hecho con